¡Ahhh! Ya es otoño. El verano con sus calores, mosquitos y luciérnagas se ha despedido para dar paso a las cigarras, el viento fresco y la madurez evidente en toda la naturaleza. Nuestros comederos estan recibiendo visitantes más frecuentes quienes pagan la cuenta con hermosos cantos frente a nuestra ventana. La pareja de cardenales que nos ha acompañado durante nuestros juegos en el patio trasero y muy de cerca, se pasea de rama en rama en el arbol del que cuelgan los comederos y nos contemplan atravez de la ventana. Creo que nos conocen y gustan de nuestra compañía porque se posan y vuelan tan cerca de nosotros que estoy segura de poder tocarlos si tan solo extiendo mi brazo. Pero no lo hacemos, nos es suficiente poder observar sus rojos plumajes así, de cerquita.

La construcción del muelle ha terminado y hemos salido a pescar todas las tardes. Ahora comprendo que sí nos hacía falta. Mi pequeña S ha tomado muy buena práctica con la caña de pescar para niños que Papá trajo de uno de sus viajes para poner una sonrisa en una carita con ojitos llorosos de extrañarlo tanto. C y A también tienen sus pequeñitas cañas de pescar y se sientan a tirar y recoger por más de algunos minutos. Me recuerdan a esa película de los hermanos a quienes les gusta el "Fly-fishing". Creo que Bratt Pitt caracteriza a uno de ellos. Algunas veces creo ver en sus ojos el reflejo de un futuro lejano en el que ya son más grandes y se sientan con su viejo y canoso Padre a pescar. Y como si me encontrara verdaderamente ahí, me viene la nostalgia. Si ya se, que alucine. :-)

Las ranas también se escuchan al atardecer, los patos, y esos pájaros de patas largas que se paran a comer en la orilla del lago ¿herones?. A nuestro perro le encanta perseguir esas ranas y al bebé (que ya no es tan bebe) le entretiene ese juego de persecución en el que lo único que podemos ver es el tope de esos altos pastos moviéndose y de vez en cuando una cola negra, larga y peluda meneándose de alegria.

En un par de meses más saco la cafetera y a disfrutar de esas mañanas en las que abrimos todas las ventanas del salón y nos cobijamos, en la mano un café, chocolate caliente y pan de dulce, a leer nuestro libro de historia y a platicar. Comienzan también nuestras visitas a una granja local en la que los niños juegan con los borregos, chivos y marranitos que disfrutan tanto. Nos damos tambien caminatas por los sembradíos en los que vemos siempre algo interesante y digno para detenerse a observar.

En la playa también encontraremos un nuevo sentimiento, y solitos en ella con una casa de campaña al lado, nos pondremos a hacer todas esas cosas que hacemos. Mmmm, otoño.

En esta temporada pienso en calabazas, celebraciones, tradiciones, familia, películas caseras, pasteles, música que me habla al corazón, abrazos y besos en la cama de donde nadie quiere levantarse aunque estemos de lo más incómodos, ahí nada más...colechando. Otoño. ¡Ya el viernes pasado horneamos nuestras primeras galletitas!

Bienvenido otoño, querido amigo.

2 interesantes comentarios

  1. Maria // martes, octubre 02, 2007 4:33:00 a. m.  

    ¿Dónde vives? Porque lo que cuentas es tan evocador que dan ganas de irse a vivir ahí también. ¿Sirve si sólo chapurreas el inglés?
    1beso.

  2. Educando en Familia // martes, octubre 02, 2007 9:05:00 p. m.  

    Vivimos a una hora y media de Washington DC...increiblemente. En las faldas de un pueblito que tan solo cuenta con un supermercado.
    Tal vez se lee mucho mas de lo que realmente es....sera porque lo poco que esta lo hemos disfrutado mucho. Nos mudamos al parecer el proximo año. Extrañaremos mucho.